domingo, 25 de abril de 2010

¿Qué son las culturas juevniles?

Este texto es un informe que parte de 4 artículos y 3 autores, que trabajan en profundidad el concepto de las identidades juveniles, aquí expongo las notas que hice en la lectura de estos documentos, que no son más que mis propias deducciones y acotaciones de los conceptos propuestos allí, así como de las reflexiones que me suscitan.

Lo primero que hay que advertir es que los 3 autores están de acuerdo en algo que plantea el primer documento Culturas juveniles. Identidades transitorias de José Manuel Valenzuela en la introducción de sus reflexiones y es que las identidades juveniles son históricamente construidas y tienen como una de sus principales características ser situacionales: dependen de un contexto específico, de un momento histórico particular. Siguiendo con este documento se habla de que a diferencia de las identidades estructurales las identidades juveniles son transitorias, "se delimitan en citaciones y relaciones específicas por la condición perecedera de la juventud".

Carles Feixa en su texto De las culturas juveniles al estilo dice que “las culturas juveniles son la manera en que las experiencias juveniles son expresadas colectivamente, mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la vida institucional” en un proceso de respuesta a la subordinación. Pero a diferencia de las demás culturas subordinadas, esta es transitoria, característica que también se ha utilizado para despreciar la importancia de los discursos de las culturas juveniles.

Para analizar las culturas juveniles entonces es preciso abordarlas en dos sentidos: las condiciones sociales y las imágenes culturales.

Frente a este aspecto y con relación a las observaciones que hace Feixa sobre las culturas juveniles de clase media, que son menos visibles (porque no parecen ser tan explícitas en su agregación, autoafirmación u oposición) existe la posibilidad de encontrar una riqueza enorme que hemos dejado de lado, pues dadas las herramientas que tienen los jóvenes de esta clase, las culturas juveniles a través de las cuales se relacionan, pueden llegar a ser de una gran sofisticación, en la cual se desarrollan reflexiones y negociaciones, menos espectaculares (para usar los términos de Feixa) pero más profundas. Por esto es tan importante estudiar las culturas juveniles, porque lo que sucede es que en ellas se manifiestan los postulados más ocultos de la sociedad a la que pertenecen, la “crisis de valores” que los adultos observan y a menudo proscriben en las culturas juveniles, como el racismo, son las “crisis de valores” de una sociedad que no se mira a sí misma con honestidad.

Entonces para entender a las culturas juveniles es importante establecer en segundo lugar, las imágenes culturales con las cuales se representan. Para lo cual nos es muy útil la noción de estilo. “El estilo puede definirse como la manifestación simbólica de las culturas juveniles, expresadas en un conjunto más o menos coherente de elementos materiales e inmateriales, que los jóvenes consideran representativos de su identidad como grupo”. Este proceso de expresión de la identidad cultural de los jóvenes ha sido entendido muy bien por las industrias culturales, que promueven el consumo cultural a partir de estas expresiones, sin embargo es simplista creer que las industrias culturales son las que producen el estilo, ya que este va más allá de una utilización de objetos, se trata más bien de una organización significativa de estos objetos en una relación directa entre el objeto y el valor simbólico que se le asigna, con un determinado objetivo comunicacional. Las identidades juveniles pues, resignifican una serie de objetos, en una mezcla deliberada de significados, resignificaciones, resemantizaciones y usos simbólicos, con la idea de diferenciarse del “otro”, y comunicar unas “Intereses comunes” y unos valores y principios determinados. De tal suerte, que se convierten en productores de cultura a través de elementos culturales como el lenguaje, la música, la estética, los productos culturales (revistas, grafittis, videos, cine) y las actividades focales o rituales (partidos de fútbol)

El ejercicio más importante, en términos de comprender la importancia que tiene el estudio de la juventud, lo hace Reguillo cuando recoge el trabajo de la antropóloga Margaret Mead, y sus tipos de cultura, y a partir del cual, la autora propone entender a la juventud a través de la metáfora de los “primeros colonos”. El mundo que conocemos es tan nuevo, que los mayores no tienen herramientas para construir una vida segura en él, sus referentes pierden validez, por lo cual, los jóvenes nativos, son quienes guiarán los caminos de esa nueva sociedad a través de sus prácticas de experimentación e innovación, creando así un modelo más efectivo para el futuro. Esta metáfora es del todo pertinente para explicar lo que sucede ahora, por eso es de vital importancia observar las expresiones, las maneras de reproducción social que adoptan los jóvenes, porque es allí donde podremos encontrar pistas de hacia dónde se dirigen nuestras sociedades.

En este sentido vale la pena entender, en términos generales, el comportamiento juvenil hoy: en medio de un mundo completamente tecnológico, abierto y público, con enormes cantidades de información en permanente circulación, los jóvenes han sido capaces de abarcar ese mundo a través del desarrollo de una capacidad novedosa de procesar información, en una configuración social simbólica, que se describe a través de la figura del hipertexto. Es preciso anotar que esta hipertextualdiad de los jóvenes los enfrenta constantemente con interpretaciones del mundo tan distantes a las propias que entran en conflicto entre sí, obligado al sujeto “a un reajuste constante entre su experiencia inmediata y ciertos discursos que parecen cada vez menos lejanos” lo que a su vez parece que provoca un fenómeno de “relocalización” del joven, es decir, que este dota de nuevos sentidos sus experiencias más cercanas, insertándolas en comunidades de sentido que funcionan como círculos de protección frente a la velocidad con que se mueve el mundo.

Un elemento clave que entonces queda por mirar detenidamente y que José Manuel Valenzuela aborda en su texto Culturas identitarias juveniles es la reflexión sobre la adscripción de clase como un elemento constitutivo de las identidades juveniles porque es preciso entender que la juventud es una categoría social que emerge en un contexto más amplio. Las culturas juveniles son culturas subalternas, entre otras cosas porque se les señala como germen de comportamientos sociales que perjudican el conjunto, cuando en realidad estos comportamientos pueden ser sólo síntomas de una problemática generalizada en una sociedad que no se mira a sí misma.

Este proceso ha coincidido con un incremento mundial de la violencia, lo que ha hecho que las culturas juveniles sean estigmatizadas, sobretodo por las instituciones sociales más importantes, lo que hace que sean los espacios culturales, las industrias culturales, las que acojan y definan a los jóvenes, que ya no se congregan por intereses políticos como en otros tiempos sino a través de la construcción de sentidos colectivos que dan respuesta a esos estigmas.

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